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El señor LORENZINI.-
Señor Presidente, condeno a los monopolios y también al capitalismo en todas sus formas: sea la estructura caduca del liberalismo o la nueva cara del capitalismo que es el estatismo. Por ningún motivo deseo que la empresa Sumar vuelva a manos de los patrones; lucharé para que ella sea de los trabajadores, porque estoy convencido de que es obligación del, Gobierno hacer el traspaso jurídico de manos de los actuales industriales a los trabajadores de la empresa.
Quiero hacer presentes algunas reglas que hemos pensado al respecto.
No aceptamos que los trabajadores sigan siendo explotados por los que controlan el capital, sean accionistas en las empresas liberales o políticos burócratas en las empresas estatizadas. El pueblo chileno quiere que, de una vez por todas, el poder de decisión y el fruto de las utilidades de las empresas, sean de sus propios trabajadores. La Democracia Cristiana lucha por una empresa de trabajadores, que termine para siempre con la explotación capitalista del hombre por los accionistas o por los políticos burócratas del Estado.
Podemos describir el capitalismo como la apropiación por los capitalistas de la economía del producto y del poder.
Nosotros luchamos contra el capitalismo, por la creación de una empresa comunitaria que signifique, que la economía, el producto y el poder, pertenezcan a los propios trabajadores.
La empresa de los trabajadores es aquella en que el poder de decisión (directorio), los frutos (utilidades) son de los trabajadores, dentro del marco de una planificación nacional. En la empresa de trabajadores el poder de decisión y la gestión por los trabajadores se fundamenta en su condición de persona, independientemente de cualquier relación con la propiedad de los instrumentos que utiliza la empresa, porque es el trabajo humano y no el dominio sobre los instrumentos de producción, el verdadero poder creador de bienes y servicios.
En la empresa de trabajadores hay que fijar reglas muy claras y precisas para evitar las discriminaciones, la creación de grupos u oligarquías minoritarias que usen las empresas en beneficio propio o para persecuciones sectarias, sean políticas sociales, raciales o religiosas.
La única diferencia que aceptamos entre los trabajadores es la diferencia objetiva y real en la calidad del trabajo, en la cantidad de trabajo y en el tiempo de trabajo. Toda otra diferencia es inaceptable.
Las utilidades reales se deberán repartir entre los trabajadores en relación al trabajo entregado a la empresa.
Si por razones ajenas al trabajo de la empresa hay excedentes extraordinarios, deben ingresarse, de conformidad al nuevo derecho, a la comunidad nacional. También la comunidad nacional tiene derecho a que se le entreguen parte de las utilidades normales para impulsar sus fines propios, a través de la autoridad legítima.
Queremos una sociedad de trabajadores plenamente responsable, sin niñeras impuestas por los accionistas o por los políticos-burócratas que controlan el capital de la empresa. No aceptamos niñeras interventores, ni niñeras patronales.
Exigimos que los trabajadores de las empresas estatizadas se nombren sus propias autoridades, según reglas claras y justas, fijadas por la ley, para un libre y responsable acontecer democrático.
Los trabajadores son hombres de pantalón largo, son personas responsables, no son niños ni retardados mentales que deben ser conducidos por guardianes, llámense capataces o la vanguardia de la clase trabajadora, quienes en definitiva son también explotadores con distinto nombre.
Y los trabajadores, chilenos responsables, conscientes de que integran la comunidad nacional, comprenden la estricta necesidad de una guía general, de un marco dentro del cual actuar, de un sistema de planificación que ordene todo el proceso hacia el bien común.
La planificación deberá hacerse a diversos niveles, generándose de la base, en forma democrática y seria y descentralizada, participando los cuerpos intermedios, para que el hombre no se encuentre solo, aislado, e indefenso frente al poder inmenso de la burocracia tecnocrática.
Las unidades vecinales u otros organismos en representación de los consumidores deberán ser integrados en la planificación, para que la producción no degenere su misión de satisfacer las necesidades reales del pueblo y busque, como en la empresa liberal, sólo el lucro, aun atizando guerras para enriquecerse o desviando su poder a la fabricación de armamentos como en Jos países totalitarios.
Los trabajadores comprenden y desean que la autoridad fije lo que debe producirse y los precios a que se deben vender los productos, dejando una ganancia lícita, porque de otra manera, estas sociedades de trabajadores caerían en algunos de los vicios del capitalismo y ellos no quieren convertirse en explotadores de sus hermanos, los consumidores.
La nueva sociedad exige el poder para los trabajadores, pero el poder en serio. No el poder de juguete que se les está entregando ahora. El poder para los trabajadores debe ser una realidad y no puro teatro que esconde la dominación desde el exterior de la empresa, por politiqueros ajenos a ella. A este vicio lleva el anteproyecto, elaborado por la Comisión CUT- Gobierno, en el cual es posible advertir lo siguiente:
Se mantiene una teoría o paternalismo del Estado.
Se contradice fundamentalmente con las consideraciones que invoca como fundamento, en cuanto no les da a los trabajadores una participación real y efectiva, pues sólo les otorga una representación numérica mínima en los Consejos de Administración o Directorios.
Se crean Comités Coordinadores de Producción que, en el hecho, en aquellas empresas en que ya se han establecido, se han transformado en Comités de soplona- je político y de persecución.
No contienen normas que garanticen el libre ejercicio del derecho de petición y huelga por parte de los trabajadores.
No podrá haber desarrollo social sin libertad sindical y participación predominante de los trabajadores en el proceso de cambios.
Hasta ahora sólo he hablado del derecho de los trabajadores en cuanto a grupo, pero hay derechos que corresponden a la persona de cada uno de ellos en particular y a su familia. Cada hombre y cada mujer son seres humanos, con una personalidad propia, con un fin propio, por lo cual no puede ser usado como instrumento por grupos minoritarios o mayoritarios. Ni siquiera por el acuerdo unánime de la comunidad se pueden desconocer los derechos que emanan de la esencia del ser humano, a los que paso a referirme...
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