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- rdf:value = " El señor SEÑORET (Vicepresidente).-
Tiene la palabra el Diputado señor Pontigo.
El señor PONTIGO.-
Señor Presidente, después de asistir al Congreso Nacional de Municipalidades en Viña del Mar, el Alcalde de la comuna deSamo Alto, don Helio González, y el Regidor de la misma, don Ociel González, vinieron a Santiago a exponer ante los Poderes Públicos una serie de graves problemas relacionados con su comuna, especialmente el de los viejos, estrechos y vetustos locales en que funcionan las escuelas de enseñanza básica, y el de la falta de mobiliario escolar en casi la totalidad de ellas.
En la comuna de Samo Alto existen unas veinte escuelas, aproximadamente. La mayoría funciona en casas viejas, próximas a caerse, lo que constituye un peligro permanente para estudiantes y profesores. En esas escuelas estudian unos 1.600 a 1.800 niños para los cuales no hay más de unas 1.000 sillas en total, las que en su mayoría se encuentran en pésimo estado como consecuencia de los largos años que han estado en servicio.
La inmensa mayoría de los locales escolares actuales han sido construidos por los propios campesinos de la región, casi sin ninguna ayuda del Estado; con adobes de barro y paja, y con madera labrada por ellos mismos. Más aún, gran parte del mobiliario con que actualmente cuentan esas escuelas, lo han construidos los vecinos, pero como la población escolar ha ido creciendo, se ha llegado al caso de que, en algunas escuelas, para 50 ó 60 alumnos, no hay más de 20 sillas. Los otros tienen que sentarse en cajones o en bancas improvisadas para poder participar en las clases. Es, entre otros, el caso de la escuela de la localidad de Fundina.
Faltan, pues, mesas para los educandos, sillas, etcétera. Asimismo, faltan escritorios para los profesores, estantes donde guardar los libros y otros elementos indispensables para el desarrollo de su labor educacional.
En estas condiciones están las escuelas Nº 91 de Tabaqueros, 18 de Corral Quemado, 39 de Samo Alto, 62 de Espinal, 84 de San Pedro, 74 de Pichasca, 129 de Fundina, 98 de Cortadera, 44 de Serón, 34 de Hurtado, 75 de El Chañar, 85 de Las Breas, además de las Escuelas de Huampulla, Morrillos, Los Maitenes de Samo Alto, La Huerta y Carrizal, de las cuales no tengo el número que les corresponde, y otras.
Es indispensable que el Ministerio de Educación adopte alguna resolución, como enviar un funcionario a visitar la comuna, escuela por escuela, para que establezca con precisión los problemas a que me he referido en cada una de ellas y se adopten las medidas para resolverlos, ordenando la construcción del mobiliario que falta como., asimismo, la reparación o construcción de una nueva escuela, según sea el caso.
Samo Alto es una de las comunas rurales más abandonadas de la provincia de Coquimbo, donde los problemas de la sequía han adquirido caracteres de mayor gravedad. Por eso, no es posible que, por el aislamiento en que se encuentra, sus problemas sean desconocidos o postergados indefinidamente.
He sido informado por los vecinos de esa comuna que en las escuelas de Morrillos, Los Maitenes y Carrizal no hay profesor que imparta la enseñanza. Este problema se plantea a una apreciable cantidad de escuelas de la provincia, pero es necesario no sólo constatar el hecho, sino darle solución rápida y adecuada. Esto se viene produciendo de año en año y cada vez con mayor gravedad, pero hasta ahora nunca el Ministerio de Educación y los demás organismos responsables que de él dependen le han dado una solución integral.
Es indispensable que, especialmente en los sectores rurales, se ordene hacer un examen exhaustivo de la situación, establecer cuántos maestros faltan, porque hay maestros que trabajan con 50 y hasta 60 alumnos, y proceder a hacer los nombramientos que correspondan. Hay una cantidad enorme de maestros y maestras recién egresados que aún no obtienen su nombramiento. Esta es la ocasión de darles la oportunidad de trabajar y poner al servicio de la niñez y del país los conocimientos que adquirieron.
Otro grave problema que existe en el campo es la falta de casa-habitación para los profesores. No es posible exigir al maestro que recientemente egresa de la Escuela Normal que acepte un cargo en una escuela en la que no tiene, por lo menos, un par de piezas, servicios higiénicos; como tampoco es posible exigir al maestro que ya ha formado su hogar aislarse en las comunidades agrícolas, en medio de los cerros secos de la región, a donde hay que llegar a lomo de mula o a caballo, porque aún no hay caminos para vehículos motorizados, con el' agravante de que no tiene ni siquiera una casa donde habitar, debiendo vivir muchas veces como allegado, con sus familiares, en la modesta y humilde vivienda de los campesinos de la zona.
Otro factor que afecta muy directamente a los maestros rurales es el costo de vida que hay en el campo. Allí, señor Presidente, cuesta más caro vivir, por el simple hecho de que todo llega recargado en sus costos, a causa del mayor flete o de la destrucción de gran parte de la mercadería.
A mí me parece que por esta situación y por el hecho de que esté sometido a un aislamiento permanente, obligado, muchas veces en lejanos centros mineros o en comunidades que se encuentran extraordinariamente distantes de los centros urbanos, el maestro rural merece un tratamiento especial, sobre todo cuando profesoras recién egresadas, de no más de 18 ó 20 años, deben comenzar a vivir a cientos de kilómetros de su hogar, en un ambiente desconocido, lejos de su familia y de todo apoyo familiar. Las condiciones en que vive el maestro rural indican la necesidad de establecer algún estímulo, como, por ejemplo, una asignación sobre su sueldo de por lo menos un 15%, además de la que estuviere recibiendo en la actualidad en cualquier zona del país, y la posibilidad de viajar gratuitamente en todo tipo de locomoción colectiva, sea ésta del Estado o particular, a los centros urbanos, para visitar a sus familiares o cobrar sus sueldos. No se trata de concederles un trato de privilegio, sino simplemente de reconocer un hecho: el maestro rural vive mal, come mal, por todo paga más caro y trabaja en condiciones tremendamente más desventajosas que los maestros que ejercen en la ciudad.
A propósito de estas observaciones, deseo referirme también a los maestros y maestras que trabajan en escuelas particulares en el campo. La verdad es, señor Presidente, que ya no debiera haber ni una sola escuela particular en nuestro país, menos en el campo. Sin embargo, esto ocurre. A mí me parece que es indispensable que el Ministerio de Educación estudie este problema y resuelva de una vez por todas que las escuelas particulares de enseñanza básica en el campo sean declaradas fiscales y que todos esos maestros y maestros pasen a ser funcionarios públicos.
Los profesores particulares de las escuelas rurales, a pesar de la labor que realizan, ni siquiera tienen derecho a una miserable previsión. Conozco maestras que han trabajado 20 y hasta 30 años en el campo y, evidentemente, tienen derecho a que les sean reconocidos sus esfuerzos para alfabetizar al campesino. Han servido y están sirviendo al país, de tal manera que tienen pleno derecho a un tratamiento digno de los esfuerzos que han realizado.
Al incorporarse esas escuelas al régimen de escuelas fiscales, deben reconocérseles a esos profesores todos los años servidos en la enseñanza particular, cuando menos para los efectos de su jubilación, y si las autoridades educacionales consideraren que algunos o muchos de ellos no tuvieren la suficiente preparación para desempeñarse en el magisterio, el Estado debe proporcionarles la oportunidad de perfeccionarse, sin costo alguno, pagándoles sus sueldos y sus imposiciones, incluso los pasajes si fuere necesario, y concentrarlos para proceder a hacerles cursos especiales que les permitan desempeñarse en la enseñanza en mejores condiciones.
Solicito, señor Presidente, que las observaciones que acabo de formular sean puestas en conocimiento del señor Ministro de Educación, a fin de que él pueda buscar el camino de solución a los problemas que he planteado.
Muchas gracias.
El señor SEÑORET (Vicepresidente).-
Se oficiará al Ministerio de Educación, transcribiendo las observaciones del señor Diputado.
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