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- rdf:value = " El señor BULNES SANFUENTES.-
Me referiré a la materia que acaba de abordar el Honorable señor Aylwin.
Efectivamente, la moción del Honorable señor Teitelboim establecía que, cada vez que hubiere de procederse a un remate de especies entre las cuales existieran libros o material bibliográfico de cualquier naturaleza, el martillero correspondiente debería enviar al Director de Bibliotecas, Archivos y Museos una lista de todas las obras, con indicación de autor, título, lugar, casa editora y fecha de Publicación.
En la práctica, nunca deja de haber libros entre los objetos de una casa habitación; y en algunas -como la del Senador que habla, por ejemplo- existen varios miles de ellos, de los cuales ninguno tiene valor bibliográfico. Ninguno merecería figurar en una biblioteca, ni hace falta en ninguna biblioteca chilena. Por otra parte, la mayoría de las oficinas de martilleros tienen muy poco personal. No se concibe que deban confeccionar un catalogo con cinco mil título s, cinco mil autores, cinco mil lugares de edición, cinco mil casas editoras y cinco mil fechas de Publicaciones, de novelas policiales, libros de aventuras, El Tesoro de la Juventud, etcétera.
Tal procedimiento imposibilitaría o dificultaría enormemente los remates, pues ningún martillero querría hacerse cargo de subastas en residencias donde hubiera biblioteca.
Por tal motivo, y a fin de no continuar recargando de gabelas a la gente y obstaculizando todo lo que quiera hacer, establecimos que, en el caso de haber libros que aparentemente tengan merito bibliográfico, el martillero deberá comunicar a la Biblioteca Nacional y a la del Congreso la existencia de dichas obras. En lugar de confeccionar un largo catalogo inútil, esos directores visitaran la casa donde se encuentren las obras y con sus propios ojos comprobaran si existe entre ellas alguna de valor bibliográfico.
A mi juicio, eso es mucho más lógica, pues de lo contrario cada año se dará noticia de centenares de miles de título s, de lugares, de editoriales, etcétera, para que, por Ultimo, no se remate un solo libro valioso. Es decir, será trabajo perdido.
Ahora y en lo que tal vez podría modificarse la iniciativa, sería en lo relativo a que el martillero dará aviso de la existencia de libros siempre que haya obras de merito. Actualmente el precepto dice que se dará aviso cuando existan libros, documentos Públicos o privados, u otros impresos, que por su carácter histórico o artístico debieren conservarse en Museos o Archivos, o que constituyan piezas de valor excepcional para el patrimonio cultural del país. Lo anterior supone, evidentemente, que el martillero hará una calificación previa, en la cual puede equivocarse.
Tal vez la solución estaría en que el martillero diera siempre aviso cuando en el remate hubiese libros o documentos, sin calificar nada. En tal caso, tanto el Director de la Biblioteca Nacional como el de la del Congreso quedarían en situación de visitar esa biblioteca, la casa donde se efectúe el remate, o de enviar a alguien en su representación.
Pero no se puede exigir que todos los años se den a conocer millones de título s, con todas las adiciones a que di lectura, para que, por Ultimo, no aparezca una sola obra de valor bibliográfico.
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