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El señor NAVARRO.-
Señor Presidente , el aumento de personas de la tercera edad ha sido considerado un terremoto demográfico en todo el mundo. Se prevé que el porcentaje de individuos de 60 años o más se duplicará con creces y pasará de 10 a 22 por ciento entre 2000 y 2050, año en el que igualará al de niños de 0 a 14 años. Es decir, la población adulta mayor será exactamente equivalente a la de dichos menores.
Se estima que para 2050 el porcentaje de personas de la tercera edad aumentará de 8 a 21 por ciento, mientras que el de niños bajará de 33 a 20 por ciento. O sea, avanzamos hacia una sociedad en la cual los adultos jugarán un rol muy importante.
La geriatría deberá ser incorporada de manera decisiva, como también la ergonomía, en el diseño de las ciudades, de los edificios, de todos los útiles con que la sociedad se maneja. Ello se extenderá no solo a la recreación, sino también al diario vivir.
En menos de tres decenios, las tres cuartas partes de las personas de edad, en todo el mundo, vivirán en países en desarrollo. Es decir, ello asimismo comprenderá a las naciones pobres.
Cuando tuve la posibilidad de viajar a China, señor Presidente , una de las cosas que me sorprendieron en la cultura oriental fue que ya a las 6 de la mañana miles y miles de adultos mayores practicaban ejercicios masivamente en todas las plazas públicas de Beijing. Y, durante la tarde, en esos mismos lugares ya no hacían gimnasia, sino que bailaban. El Estado proveía de parlantes y profesores. Y uno observaba, cuando iba raudo a las reuniones políticas y ejecutivas, cómo los ancianos, que en China abundan, bailaban sin ningún tipo de pudor y ocupaban los espacios públicos. Y en las esquinas, con un pañuelo amarillo amarrado a uno de sus brazos, ayudaban a controlar el tránsito de las bicicletas.
Asimismo, en Shangai, los adultos mayores cooperaban con la limpieza de la ciudad y, portando un papelillo que constituía un parte, conminaban a quienes botaban papeles al suelo a recogerlos. Si no lo hacían, se aplicaba una multa.
Es decir, eran personas integradas plenamente al ordenamiento cívico y, lejos de ser abandonados o remitidos a quehaceres secundarios, sus funciones eran altamente valoradas y respetadas por la juventud y los adultos.
A mi juicio, el proyecto es un avance.
Considero indispensable preparar en la materia al personal de Carabineros, tal como ocurrió en el caso de la violencia contra el sexo femenino, porque, en definitiva, ahora se trata de un sujeto diferente al del maltrato que ya se encuentra tipificado, referido al niño y la mujer.
Se debe educar a la policía -en especial, a los funcionarios que estarán a cargo de recoger las denuncias- acerca de cómo atender a los adultos mayores, cómo entenderlos, cómo acogerlos. El trato con ellos es más difícil, más lento y requiere capacidades adicionales.
Del mismo modo como la experiencia negativa en las denuncias de violencia intrafamiliar contra las mujeres obligó a Carabineros a realizar una preparación de su personal, será preciso hacer algo análogo para que la ley en proyecto se cumpla y la atención que se brinde sea la más adecuada.
El Senador que habla es partidario de que la Asamblea General de las Naciones Unidas o el Consejo de Derechos Humanos de dicho organismo establezcan una Declaración Internacional de Derechos Humanos de las Personas de la Tercera Edad.
Tal como existe una Declaración de los Derechos del Niño, me parece que ha llegado el momento de que la ONU contemple la Declaración Universal de los Derechos del Adulto Mayor. No veo por qué podría registrarse una discriminación entre los derechos del primero, mundialmente conocidos, y los del último.
Hace algunos años aprobamos un proyecto de acuerdo, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, para proponerle al Gobierno que promoviera dicha idea ante las Naciones Unidas.
Y es algo que hemos conversado más de una vez con Paula Forttes, Directora del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA).
Creo que es necesario que Chile se sume, en este contexto, a un clamor universal de protección.
En 2006 se formularon 31 mil 954 denuncias, contabilizándose 2 millones 100 mil 378 adultos mayores. Es una cantidad grande.
Cuando se ingresa a la sala de estar de un servicio público, la verdad es que no se encuentran consideraciones de ningún tipo para la atención de los adultos mayores. No tenemos una cultura sobre el particular. Y nos ha costado mucho implementarla respecto de aquellos que padecen de una condición especial o una discapacidad. Culturizar a nuestra sociedad, especialmente a los niños, en el respeto a los adultos mayores forma parte también del desafío educativo. De nada vale llevar al tribunal a un adulto o un niño maltratadores de un adulto mayor si en la educación no se enseña a respetarlo.
Recuerdo que el silabario en que aparecía la lección "El Ojo" -tal vez algunos señores Senadores también aprendieron a leer en ese texto- contenía un relato acerca de un anciano que se volvía niño. Con el tiempo, y después de leerlo¿
El señor ROMERO .-
El silabario Matte
El señor NAVARRO.-
Así es. Estudié en una escuela Matte.
Decía que, con el tiempo, descubrí que ese cuento se refería al retroceso provocado por el alzhéimer. Y, a propósito de ello, se nos inculcaba el respeto hacia los ancianos.
Extraño en la educación actual esa enseñanza, más aún cuando los alumnos proceden de manera violenta contra los profesores. ¡Si no respetan a sus maestros, menos lo harán con los adultos mayores! Es preciso poner mayor énfasis, en la educación, en relación con ese aspecto.
El señor PROKURICA .-
Así es.
El señor NAVARRO.-
En América Latina, el maltrato hacia los ancianos alcanza a 30 por ciento. En Chile no se cuenta con cifras al respecto. El SENAMA debiera llevarlas.
Y, a propósito de la iniciativa que nos ocupa, las estadísticas respecto de las denuncias deberían ser parte de la evaluación de cómo se está cumpliendo el derecho de los adultos mayores a no ser objeto de violencia.
En lo atinente a la propiedad, 77 por ciento de aquellos que han denunciado son maltratados en su patrimonio. ¡Otras personas se quedan con sus casas y demás bienes!
Echo de menos también el castigo a la violencia patrimonial que tiene lugar cuando los hijos en una condición económica pudiente abandonan a sus padres y los entregan al Estado. Conozco muchos de esos casos, que han llegado no solo a mi oficina de Senador, sino que también me expusieron cuando fui Diputado . ¿Qué se hace en esa situación? ¡Y ni siquiera llevan a la persona a un hogar de ancianos: dejan que el Estado u otros se hagan cargo de ella!
Pienso que esa conducta debiera significar una sanción y que debiera existir la obligación, a todo evento, de no abandonar a los padres cuando se posee una condición económica que permite asistirlos. Y si ello ocurre, debe aplicarse -repito- un castigo.
La no exención de responsabilidad criminal que se contempla, respecto de hurtos, defraudaciones o daños, me parece adecuada, ya que se dispone que ello tendrá lugar cuando la víctima sea un adulto mayor y quienes realicen la acción sean parientes consanguíneos o cónyuges. Es decir, a todo evento existirá una sanción criminal, no solamente civil.
Conforme a la ley sumeria, así como un hijo podía decir: "Tú no eres mi padre", este también podía replicarle: "Tú no eres mi hijo". Lo que aquí se requiere no es aplicar ese criterio de evitación o rechazo mutuos, sino uno de reencuentro mutuo.
Estamos analizando un proyecto que para su buen funcionamiento demanda la especialidad de las policías, mucha educación, una mayor comprensión del fenómeno del adulto mayor y una vocación de la sociedad en su conjunto.
Espero que el Senado pueda dedicar próximamente una sesión especial a tratar el tema del adulto mayor como un terremoto demográfico, pero también por su implicancia en lo social. Si, en definitiva, el conjunto de iniciativas que analizamos a diario no contemplan la excepcionalidad de esas personas y cada vez que votamos una normativa que obliga al Estado en la medida en que se establecen condiciones, beneficios, restricciones o subsidios no consideramos a dicho sector, estamos pensando en una sociedad que ya no existe, que era de jóvenes y en la cual ostentaban superemacía los menores de cuarenta años.
En ese sentido, se requiere una visión permanente. Para ello está el SENAMA. Pero, además, se necesita mucha educación.
Votaré a favor, señor Presidente , del proyecto, que castiga la violencia en contra de la tercera edad. Pero advierto que este no resulta suficiente -sería un error creer que lo es-, pues se requiere una política más integral en la materia.
Algunos Senadores, como el señor Orpis , han formulado propuestas. Debemos aprobar la iniciativa en comento, pero también recoger las ideas que signifiquen un avance más global en la protección de los adultos mayores.
He dicho.
¡Patagonia sin represas!
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