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    • rdf:value = " El señor LORENZINI (Presidente).- Tiene la palabra el diputado señor Carlos Hidalgo. El señor HIDALGO (de pie).- Señor Presidente , por su intermedio, deseo saludar a la esposa de nuestro homenajeado, señora Alicia Monckeberg , a sus seis hijos y a sus más de 70 parientes presentes en las tribunas. Es para mí un gran honor, como diputado representante del distrito 15, rendir homenaje a nuestro ex colega, diputado por tres períodos de esta honorable Cámara, don Miguel Luis Amunátegui Johnson . Don Miguel Luis residía desde hacía más de 30 años, junto a su esposa, en la hermosa comuna de Algarrobo -dicho sea de paso, la señora Alicia Monckeberg , aquí presente, fue alcaldesa de esa comuna durante más de 26 años-, con quien compartía las preocupaciones sociales de los más necesitados. El 30 de agosto de este año, después de más de 70 años de matrimonio y a los 95 años de edad, dejó esta vida para encontrarse, sin duda, con sus ancestros en el Reino de los Cielos, en la vida eterna, en particular, con su padre y los hermanos Gregorio y Miguel Luis Amunátegui Aldunate , abuelo y tío abuelo respectivamente, el primero, diputado , siguió la carrera judicial y llegó a ocupar la presidencia de la Corte Suprema; el segundo, diputado por varios períodos, llegó a ser Presidente de esta honorable Cámara por tres períodos. Su hermandad fue ejemplo de virtud en la tierra y poderoso pilar para el pensamiento, valores y normas de rectitud, tanto en la vida privada como en el servicio público de nuestro homenajeado. Don Miguel Luis Amunátegui puso siempre su trabajo, esfuerzo y voluntad al servicio de los más desposeídos y, en forma especial, de la participación activa de la mujer, tanto para su enseñanza y preparación en la vida cotidiana a través de la educación, legado entregado por los hermanos Amunátegui Aldunate , como asimismo para la loable y plausible iniciativa de don Miguel Luis de conseguir, a través de un proyecto de ley, la activa y acertada participación del voto de la mujer en nuestra vida democrática republicana. Don Miguel Luis , abogado y también empresario, fundó el medio de comunicación “El Contribuyente”. Siguiendo fielmente sus principios, cultivó y defendió la libertad en su más amplia expresión, especialmente la libertad de prensa, destacándose además como un eximio comentarista político en una importante radioemisora de la capital. Durante sus años mozos de universitario, integró y participó activamente en la política. Ingresó al Partido Liberal y fue dirigente juvenil en Santiago y a nivel nacional; destacado dirigente de la Academia de la Lengua y de la Cultura de la capital; sobresaliente dirigente del mismo Partido Liberal, llegó a ocupar el cargo de secretario general. Dentro de su actividad partidaria ingresó al Partido Nacional en el año 1965 para, finalmente, ingresar en 1987 al Partido Renovación Nacional. Hoy, como señalé anteriormente, le sobrevive su señora esposa, brillante mujer, destacada por su carácter afable, ejemplo de virtud y honor, valores encarnados en su abnegado espíritu de servicio público; portadora de la fe, entregada durante el desarrollo de sus más 70 años de vida conyugal a su esposo don Miguel Luis Amunátegui . En los años 50, don Miguel Luis rescató del olvido un proyecto de ley sobre la enseñanza de religión en las escuelas y liceos, ya que consideraba que era muy importante y valioso para el desarrollo futuro del pa��s contar con una población de alumnos que recibieran una instrucción moral y religiosa adecuada para convertirlos en buenos ciudadanos obedientes de las leyes divinas. Este pensamiento fue heredado de los hermanos Amunátegui Aldunate . Del mismo modo, le sobreviven seis de sus siete hijos, que al igual que sus padres, han entregado su vida al servicio de los demás. En Algarrobo, la partida de don Miguel Luis Amunátegui se siente como la brisa de la mañana que abraza las playas y se retira sin apuro desde sus lomas y arenas, develando un paisaje imponente por su belleza y por la solidez magnífica de sus rocas. Del mismo modo, su partida nos permite hacer un alto en el torbellino de nuestras actividades cotidianas y admirar lo que dejó su alejamiento. Tal vez Algarrobo no sea la misma comuna de siempre. Cuando uno se acercaba a la casa de don Miguel Luis , sabía que se encontraría con un hombre sabio y generoso, desinteresado en la entrega de información y traspaso de conocimientos. Sus anécdotas y consejos oportunos siempre venían bien especialmente en momentos de confusión y dudas. Ahí estaba él, con su claridad mental de siempre y su férrea voluntad, señalando que había que seguir adelante y considerar que los designios de Dios había que aceptarlos con absoluta disciplina y voluntad, que se estaba en la tierra por algo más que la labor elegida, que todo tenía su razón de ser, por cierto, una razón divina. Decía que todos los que teníamos una responsabilidad social en cualquier actividad, debíamos considerarla como un apostolado en la tierra. Durante mi última visita a su hogar y después de más de dos horas de conversación, me tomé la libertad de hacerle un regalo: un libro. Hoy reconozco que se lo entregué con un poco de temor, pero necesitaba su opinión sobre él. Antes de despedirme, acordamos que lo comentaríamos después de que lo leyera. Nunca se dio la oportunidad de tener una conversación para hacer el acordado análisis del libro. Una vez más están presentes los designios de Dios. A lo mejor tendré que discutir con él sobre el tenor del libro cuando me vaya de esta vida, pero antes tendré que emular muchos actos y actuaciones de don Miguel Luis Amunátegui , con el fin de ganarme la vida eterna. Ardua tarea me espera aún en la tierra. Señor Presidente , honorables colegas, estimada señora Alicia , hijos y parientes, me honro y me siento tremendamente premiado al tener la oportunidad de rendir un sentido y honesto homenaje a este hombre, noble varón, flamante esposo, abnegado padre, destacado parlamentario e ilustre hijo de ésta, nuestra tierra. Que Dios lo tenga en su santo reino. Muchas gracias. "
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