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El señor CHADWICK.-
Señor Presidente , me sumo a las palabras del Senador señor Espina y de varios Honorables colegas. Considero que hemos concretado un acuerdo realmente positivo y favorable para la educación en nuestro país.
Y quiero valorar lo que aquel significa por tres razones.
Primero, porque ¡por Dios que es importante saber construir políticas de Estado en nuestro país! No es fácil: trae ingratitudes, incomprensiones, y a veces los aplausos están en líneas distintas.
Sin embargo, para Chile y su futuro, es tremendamente relevante hacer el mejor de los esfuerzos por elaborar políticas públicas, en especial en el ámbito educacional, donde -como bien se ha dicho- sus efectos no son de corto plazo, sino a través de las generaciones, en el largo plazo.
Por eso, resulta primordial estar de acuerdo.
Segundo, porque ello refleja algo que se menciona en los discursos; pero que, a veces, cuando hay que ponerlo en práctica, se olvida: unidos es posible avanzar, lograr perfeccionamientos.
Eso no significa pretender imponer un modelo o una visión que se sienta como propia y respecto a la cual se esté convencido de que es la mejor. No. Es lo contrario. Construir una política de Estado y buscar marchar unidos para mejorar algún aspecto, obviamente implica ceder y compartir puntos de vista quizás distintos de los que uno cree más convenientes.
En eso consisten la unidad, el acuerdo. No los hay si solo se impone o gana un sector o grupo de parlamentarios. El acuerdo y la unidad tienen que ver precisamente con oírse y convencerse de que es factible trabajar en conjunto sobre la base de no aplicar única y exclusivamente las ideas propias.
Nosotros fuimos oposición durante 20 años, y llegamos a consensos en diferentes materias pensando en el bien del país. No hay nada más ingrato para los parlamentarios que adoptan esta posición que el oír la voz contraria en los integrantes del mismo entorno. Es muy incómodo, bastante ingrato. Se requiere mucha fuerza y decisión para dejar de lado el aplauso del propio sector -del que siempre se desea alcanzar el cien por ciento, pero es imposible-, en aras de buscar un avance con sentido de país.
Y tercero, señor Presidente , es tremendamente importante haber llegado a un buen y completo acuerdo respecto de un asunto de fondo: cómo mejorar la calidad de la educación pública, en particular la relacionada con los niños vulnerables, que se concentran en el sector municipalizado.
Ello no se pudo conseguir hace dos o tres años. No hubo la posibilidad de construir un objetivo común: destinar todos nuestros esfuerzos para mejorar la calidad de la enseñanza de los estudiantes humildes. No se logró en la Ley General de Educación.
Por lo tanto, el paso que damos hoy en el sentido de encontrarnos en un objetivo común tan relevante como los niños vulnerables y la calidad de la enseñanza municipal, es enormemente significativo a los efectos de mejorar el sistema educacional.
Señor Presidente, hay tres aspectos del proyecto y del acuerdo que deseo destacar, porque creo que recogen algunos elementos esenciales.
Primero, todos los estudios de especialistas en educación indican -así se ha señalado en la Comisión del ramo durante muchos años- que existe un problema muy importante en la formación de los profesores; que numerosas escuelas de pedagogía no entregan una educación profesional adecuada con el fin de preparar a los mejores maestros a que podamos aspirar.
Muchas veces, miramos para el lado sin abordar esta situación: si no formamos bien a nuestros estudiantes de pedagogía, obviamente, no podemos esperar que, cuando impartan sus clases, los resultados sean buenos.
Respecto al acuerdo alcanzado y a los objetivos que se persiguen, se han adoptado medidas extraordinariamente importantes, como el compromiso de perfeccionar el sistema de acreditación de las facultades que imparten estos estudios en las universidades, haciéndolo más riguroso y exigente, lo cual es urgente.
Otro punto se refiere al incentivo para cursar pedagogía. Para ello se ha creado un bono especial destinado a financiar toda la carrera a quienes obtengan los mejores puntajes en la PSU, a fin de fortalecer la vocación de profesor en los alumnos que, en diversas oportunidades, se quedan en el camino por carecer de recursos para pagar sus estudios, o bien, por optar a otras carreras que ofrezcan mejores condiciones de vida en el futuro.
Finalmente, se plantea establecer un requisito que en nuestro país solo se les exige a los médicos, ya que los profesores son igual de relevantes. Se trata de aplicarles una prueba nacional que permita fijar, el día de mañana, estándares mínimos para el ejercicio de la pedagogía en las escuelas e instituciones públicas. Aquí se apunta a un elemento central, respecto al cual estábamos en deuda.
Un asunto también crucial, al que han hecho referencia todos los especialistas, es el retiro.
No es posible que profesores que superen la edad para jubilar y que hayan cumplido los otros requisitos exigidos no estén en condiciones de hacerlo debido a las bajas indemnizaciones y pensiones que recibirían.
Estimo de gran importancia la cantidad de recursos que se destinan a un plan especial de retiro para los docentes. Esto permitirá que un número cercano a 13 mil profesores, que hoy, mañana o el próximo año tengan derecho a jubilar, puedan hacerlo. Con ello se evitará que maestros que excedan la edad legal y que reúnan el resto de los requisitos para pensionarse sigan impartiendo clases en condiciones físicas muy difíciles.
Se trata de un paso muy trascendente.
Así como nos preocupamos del ingreso, la formación de los profesores, la mejoría de sus condiciones de trabajo y su derecho a retiro, un segundo aspecto clave del proyecto en debate dice relación a que por primera vez ingresamos al interior del establecimiento educacional y de la sala de clase, con dos o tres medidas tremendamente relevantes.
Señor Presidente, no existe grupo humano alguno que, para potenciarse, desarrollarse y obtener mejores resultados, no necesite de buenos conductores, de buenos líderes. Esto ocurre en cualquier actividad de las personas, y con mayor razón en un establecimiento educacional.
El paso que estamos dando para poder disponer de directores de excelencia, con liderazgo, respetados al interior de las escuelas, seleccionados a través de un sistema de alta dirección pública pedagógica mediante concursos transparentes, con mejores remuneraciones y con posibilidades de formar sus equipos, reviste gran interés.
En este punto no hay dos opiniones distintas en el mundo de los especialistas con experiencia pedagógica: un buen líder, un buen director -así lo demuestran todos los resultados-, hace que el establecimiento y los niños que concurren a él mejoren sus rendimientos educacionales y que los profesores se sientan más motivados para lograrlo.
Por otra parte, se posibilita el término del contrato de los docentes cuyo desempeño profesional sea calificado como básico o insatisfactorio. Sin duda, esto no es popular. Pero me pregunto, ¿a quiénes podría molestar una medida de esta naturaleza? A los que se sientan en riesgo de estar en ese rango. Y espero que, en el más breve plazo, ningún profesor en Chile se encuentre en esa situación.
Nadie puede justificar que una actividad profesional, destinada a la educación de los niños, acepte que una persona sin una buena evaluación docente continúe haciendo clases.
¿Saben qué, señores Senadores? Si nuestros hijos, quienes concurren a un colegio particular porque tenemos los recursos necesarios para ello, tuvieran un mal profesor, este no seguiría ni un día más enseñando.
Entonces, ¿por qué los niños vulnerables deben aceptar durante años que alguien así les imparta clases? Eso no es justo para los estudiantes y no dignifica una actividad de carácter absolutamente profesional, como la de ser pedagogo.
Los profesionales tenemos que estar dispuestos a ser evaluados en nuestro cometido.
También se establece un sistema de aumento de remuneraciones, según el aporte y el desempeño como profesor.
¡Ningún mecanismo puede funcionar bien si da lo mismo hacer bien o mal una labor! Muchos docentes de la Región que represento en el Senado se quejan de que están cansados de hacer la pega de otros, que igual ganan lo mismo y que lo importante es permanecer y dejar pasar los años.
Todos los seres humanos -también nosotros como Senadores- necesitamos incentivos, motivaciones para realizar mejor nuestro trabajo. ¿Y por qué no los profesores? ¿Por qué los vamos a condenar a un sistema donde dé lo mismo ser bueno o malo, ya que, al final, los beneficios son iguales?
En tercer término, señor Presidente , resulta muy positivo que por primera vez se logre destinar en forma directa, a través de un proyecto de ley, cuantiosos recursos al sector público municipalizado, preferentemente a los establecimientos con los alumnos más vulnerables.
Cerca de 340 millones de dólares se distribuyen en distintos ámbitos: planes de retiro; capacitación de los profesores; un Fondo Transitorio de Apoyo a la Mejora de Calidad de la Educación Municipal.
Pero -como mencioné- a diferencia de lo realizado hasta hoy, aquí se propone hacerlo directamente. Este fue un importante aporte de la Concertación, la que insistió en esta modalidad de entrega de dineros a los municipios, fortaleciendo su utilización, y no en la de la subvención.
Con ello se pone un piso más alto de apoyo y de respaldo a la educación municipalizada, donde concurren especialmente los niños vulnerables y, por lo tanto -como es obvio-, resulta más costosa.
Al respecto, destaco -al igual que el Honorable señor Espina- un asunto que dos o tres años atrás ni siquiera se discutía en el Senado: la posibilidad de extender la subvención especial preferencial hasta cuarto año de enseñanza media.
Eso no formaba parte del debate. En aquella época nos contentábamos de haber aumentado dicha subvención y de extenderla hasta cuarto básico y, después, hasta octavo. Pero no se hablaba de la enseñanza media, donde también hay niños vulnerables.
Lo anterior fue planteado en la Comisión de Educación por especialistas no pertenecientes a mi sector político, quienes nos convencieron a todos de que esa distribución era más adecuada que otras que se habían formulado.
Y hoy se pone en marcha un proceso que tiene plazos, destinado a extender la subvención escolar preferencial (SEP) hasta cuarto año de enseñanza media.
De otro lado, tampoco pensábamos ni discutíamos que se pudiera extender la SEP a alumnos de clase media en nuestra sociedad.
Los elementos antes señalados son tremendamente importantes.
Por eso, señor Presidente , valoro el acuerdo alcanzado, tengo mucha esperanza en él y aspiro a que sus frutos se den en el tiempo. Se trata de medidas que adoptamos por primera vez y en conjunto, porque hemos comprendido la necesidad de destinarles recursos especiales a los sectores más vulnerables y a la educación municipalizada, con el objeto de adoptar una política de Estado destinada a mejorar la calidad de la educación de los niños con mayor desprotección.
He dicho.
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