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El señor SALAS (Vicepresidente).-
Tiene la palabra, por dos minutos, el diputado señor Palma.
El señor PALMA.-
Señor Presidente, la deuda hospitalaria no se soluciona sin corregir su verdadera causa, la cual no se ha tocado en la nueva reforma de salud: el financiamiento del costo real de las prestaciones de salud.
Como muy bien dijo ayer el Presidente de la República en una reunión con directores de servicios de salud y de hospitales, el no pago de la deuda hospitalaria asegura el fracaso de cualquier plan de mejora de la salud. Dicha deuda alcanza ya los 60 mil millones de pesos, casi la mitad de lo que cuesta financiar el plan Auge.
A pesar de todos los aportes que se le hacen cada cierto tiempo, la deuda continúa creciendo, porque no se soluciona su causa. En verdad, no se quiere resolver ese problema. De hecho, en la Comisión de Salud presentamos una indicación al ministro de esa Cartera, pero no nos dio ninguna respuesta inteligente. Lo cierto es que no se quiere corregir el problema, pues así todos los directores de los hospitales de Chile están obligados a ahorrar, ahora bajo la amenaza de cambiarlos si no lo hacen, pues son funcionarios de exclusiva confianza del Presidente de la República. Como ninguno ha ganado un concurso, obviamente cuidan sus puestos.
Los directores de hospitales siguen restringiendo los gastos y continúan ahorrado todo lo posible, para no incrementar la deuda en demasía. Así se puede disponer de los dineros estatales para otros asuntos si se pagan después las deudas hospitalarias. Sin embargo, ese gasto es menor que el asignado, sin el ahorro extremo al que se obliga a incurrir a los directores.
Lo malo de esa manera perversa de financiar la salud es que se hace mediante ahorro a costa de los más pobres y de la clase media, postergando las atenciones de salud por meses, a veces por años, mientras la gente pobre continúa agravándose, a veces irremediablemente, o muriendo. Lo anterior fomenta la flojera y el desuso de los recursos, pues si más se trabaja, más deuda se genera, pues esas acciones de salud no son completamente pagadas por el nivel central de salud. Como los hospitales tampoco alcanzan a pagar lo que esas acciones valen, se genera deuda hospitalaria en forma permanente.
Así, se cierran salas, no se compran remedios, se empobrecen los hospitales al no renovar equipos, igual que los funcionarios al suprimirse las horas extras, pues cuestan más dinero, sin importar que los pacientes se queden solos y corran riesgo; total, son de escasos recursos. Parece que basta con realizar campañas de publicidad para convencer a la clase media de que los demás son los culpables. Gastar en publicidad es más barato que mejorar a la gente pobre y a la clase media.
En verdad, se administra mal; no se ha sabido gobernar. Llevamos muchos ministros y tres Presidentes de la República de la Concertación que han prometido solucionar los problemas de la salud, lo cual no puede esperar. Sin embargo, estamos igual.
En salud y en temas como la agricultura, la pequeña y mediana empresa, la economía, el comercio, el empleo, la seguridad ciudadana y la pobreza, se dan excusas. La verdadera culpable es la que gobierna desde hace doce años, con amplias mayorías: la Concertación. Es tiempo de hacer cambios.
He dicho.
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