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    • rdf:value = " El señor JEAME BARRUETO ( Presidente ).- Tiene la palabra el honorable diputado señor Iván Mesías. El señor MESÍAS (de pie).- Señor Presidente , señor obispo de Valparaíso, don Gonzalo Duarte ; representantes de la Iglesia Católica, familiares de Santa Teresa de Los Andes, honorables colegas, amigas y amigos que están en las tribunas: Deseo expresar mi complacencia por la oportunidad que se me ha brindado de realizar este homenaje, ya que son muchos los vínculos que tengo con el Santuario de Auco. Desde luego, mi residencia en la pequeña comuna de Rinconada está vecina al santo lugar, lo que me permite relacionarme frecuentemente con sus actividades. Hablo en nombre de los diputados de mi partido, el Partido Radical Social Demócrata, de los del Partido Socialista y de los del Partido por la Democracia, quienes se inclinan reverentes y respetuosos ante el recuerdo de la santa mujer que cumpliría mañana cien años de vida. Juanita Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones Fernández Solar nació en Santiago, el 13 de julio de 1900, una luminosa y fría mañana; murió el 12 de abril de 1920, como Teresa de Jesús, sin alcanzar a cumplir sus 20 años. Su breve existencia está plena de manifestaciones de su vocación religiosa y de su amor a Dios y a la Virgen. Aprende a leer a los 6 años en el Colegio de las Teresianas, donde asiste durante un mes por las tardes. Más adelante, ingresa al colegio de las religiosas del Sagrado Corazón, donde recibe su primera confesión, el sacramento de la confirmación, y luego, el 11 de septiembre de 1910, hace su primera comunión, hecho que le produce gran impresión. Declara: “Desde entonces, todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Nuestro Señor me hablaba después de comulgar. Pero mi devoción especial, la Virgen, me contaba todo”. Extrañamente, durante cuatro años seguidos, entre 1911 y 1914, por diversas enfermedades, estuvo a las puertas de la muerte el día de la Inmaculada Concepción. Con todo, vivió su infancia y su adolescencia absolutamente normal. Participó en juegos, paseos y actividades deportivas y recreativas, como cualquier niña de su edad. Su entorno familiar era inmejorable y vivió permanentemente rodeada de cuidados, atenciones y afectos. Tal vez por esta circunstancia extrañó tanto su decisión de ingresar al convento de las Carmelitas Descalzas de Los Andes, un lugar de reclusión y austero sacrificio. Esa “casa pobre y vieja” que albergaba al convento la atrajo poderosamente; su pobreza le habló al corazón. Analizando cuidadosamente este singular hecho, lo expresado antes de su ingreso al convento y el contenido de las cartas que desde su retiro envió al exterior, se llega necesariamente a la convicción profunda de que Teresa de Jesús logró la santidad en vida. Citaré algunas de sus expresiones: Después de la primera visita a Los Andes, dijo: “La pobreza de la carmelita es muy grande. No puede poseer nada, lo que hace que toda la capacidad de poseer sea llenada por Dios solamente”. “La penitencia a que se somete y la austeridad de su vida es un medio más para tener el cuerpo sometido al alma, para asemejarse al Divino Crucificado”. Durante su retiro espiritual, expresó: “Evitar la singularidad: no hacer cosa alguna extraordinaria, sino contentarse con lo que está permitido por la regla común, ya que querer singularizarse es realmente una señal de soberbia o de vanidad”. “El silencio: callar cuando no tuviéramos razón muy justa para hablar, y dejar siempre que los demás hablen; en el apresurarse a tomar la palabra hay siempre mucho de vanidad”. “El recato en el hablar: hacerlo mansa y humildemente, con la sobriedad del sabio”. “La justicia: no puede practicarse sin la humildad, porque el soberbio exagera sus derechos con detrimento de los del prójimo”. En sus cartas escribió: “Jesús me pide que sea santa, que haga con perfección mi deber, porque mi deber es la cruz. Para una carmelita, la muerte no tiene nada de espantable. Va a vivir la vida verdadera, va hacia los brazos del que amó aquí en la tierra sobre todas las cosas. Va a sumergirse eternamente en el amor”. “Buscad en vuestro interior”. “Amad a vuestros semejantes”. “Servid a vuestros ideales”. “Aceptad con humildad aquello que no esté en vuestras manos cambiar”. “Tened fe”. Señor Presidente , la breve vida material pero intensa vida espiritual de Teresa de Jesús de Los Andes es un maravilloso mensaje y constituye una verdadera doctrina dirigida a todos y, fundamentalmente, a los jóvenes. Esa radiante entrega de amor se alza hoy desafiando al tiempo, para mostrar un camino de redención, un medio para conseguir ser mejores; una luz que nos muestra la superioridad del espíritu sobre los bienes materiales; el valor de la humildad sobre la soberbia y la prepotencia; el valor de la caridad sobre el egoísmo, de la reflexión sobre el impulso ciego. El 3 de abril de 1987, el país y el mundo vieron al Papa declarar Beata a Sor Teresa de Los Andes, y decir: “El secreto de su perfección es el amor, el amor que es comprensivo, servicial, humilde y paciente. Un amor que no destruye los valores humanos, sino que los eleva y transfigura”. Ese mismo día, respondiendo a las manifestaciones de violencia e intolerancia, acuñó su célebre frase: ¡El amor es más fuerte! Es más fuerte, inspirado tal vez en quien encarnó ese sentimiento con genuina devoción. El 21 de marzo de 1993, el mismo Pontífice, esta vez en Roma, ante más de cinco mil chilenos presentes, la proclama solemnemente Santa Teresa de Los Andes. Hondas reflexiones acuden a mi mente ante la lectura de los detalles de su sublime existencia. Ella, que se alejó del mundo, que dio demostración cabal de humildad y desinterés por las cosas vanas y superficiales, recibe el privilegio de ser la primera santa de Chile, lo que constituye la gloria hasta el fin de los tiempos. Como humanistas y laicos, nos sentimos tocados en lo más profundo, por su convicción y fe, por sus virtudes cristianas, por su bondad y obras de caridad, por su sufrimiento y su irrestricto amor a la divinidad. Esos sentimientos, esos valores, esas virtudes, por lo menos en parte queremos verlos encarnados en cada joven de nuestra tierra, para desterrar la apatía, la intolerancia, el vicio y la delincuencia. Mientras más alto pongamos nuestro ideal y nuestra vocación de servicio, y permanezcamos fieles a él y a ella, mayor será nuestro progreso y mayores los frutos que entreguemos a la sociedad. Nuestro ser crecerá y se desarrollará en la propia imagen y semejanza de aquellos que nos acostumbremos a contemplar. Por lo tanto, la contemplación de un ideal es de por sí un medio poderoso para proyectarnos siempre más adelante en nuestros afanes de bien público. Señor Presidente , formulo fervientes votos por que la celebración de este centenario del nacimiento de nuestra Santa sea para nuestros jóvenes una luz radiante que les muestre la senda por la que deben transitar para ser buenos alumnos, buenos hijos, buenos ciudadanos, y a nosotros nos conduzca a ser mejores hombres y mejores políticos. Que el monumento, cuya erección aprobó el Congreso Nacional, sea pronto una realidad, como un símbolo de la gratitud y afecto de un pueblo hacia su primera Santa. Que los peregrinos que lleguen por estos días al Santuario de Auco, beban en la misma fuente el agua bendita de su gracia y de su amor, y que regresen a sus hogares y a sus comunidades, proclamando su mensaje de redención. Y que siempre ese lugar de oración y de veneración sea fuente inspiradora de fe, esperanza y caridad. Termino dirigiendo un fervoroso, cordial y fraternal saludo a las religiosas carmelitas de Los Andes, congratulándolas por el maravilloso privilegio de haber albergado en su seno un alma tan dulce, tan sublime, como la de Santa Teresa de Jesús. He dicho. -Aplausos. "
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