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El señor LETELIER .-
Señor Presidente , estimados colegas, al comenzar la discusión, uno debe preguntarse por qué es necesario identificar el sexo en el Registro Civil y el carné de identidad.
En muchos países, lo de "él" o lo de "la" ya se encuentra superado, por configurar un elemento de discriminación no conducente al ejercicio de ningún derecho. Por ende, en algún momento nuestra sociedad abordará el porqué necesitamos un mecanismo registral.
Más allá de lo anterior, sobre nuestro país ya recae una obligación internacional, a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de reconocer la identidad como un derecho personalísimo, propio de cada ser, que se ejerce desde antes de las normas del Estado. Los elementos del género son parte constitutiva de este principio básico.
Lo primero que se halla en debate, entonces, es si creemos que la identidad integra un derecho de esa índole y cuyo ejercicio presenta tal característica. Por mi parte, creo que es así, por cierto. Y esta es, ante todo, la razón por la cual hemos promovido la iniciativa.
La identidad de género tiene que ver con una opción personalísima. El proyecto que nos ocupa es bastante moderado: permite el cambio registral por la propia voluntad de una persona mayor de edad.
La pregunta inicial es en qué afecta al resto de los seres humanos lo que hago con mi identidad. ¿Con qué derecho se meten conmigo y con su ejercicio? Porque esta es la controversia de fondo.
Es aquí donde, a mi modo de ver -no quiero que nadie se sienta ofendido con las palabras que voy a usar-, se dan una "vuelta de carnero" quienes siempre cuestionan al Estado y a la forma como se entrometería en la vida de los individuos, pues quieren hoy que se inmiscuya absolutamente en la vida personalísima. Lo que uno hace con ella y la identidad propia, las opciones u orientaciones sexuales, la manera como se vive en el hogar, son elementos de los derechos humanos básicos, primarios.
El articulado en examen apunta al establecimiento de un sistema de cambio registral sin requisitos ante el Registro Civil, porque se entiende que se está ejerciendo un derecho.
Adicionalmente, nos hemos opuesto a quienes han querido fijar condiciones, porque detrás de estas muchas veces se esconde el intento de "patologizar" la transexualidad. Y es muy fácil que algunos la confundan o que generalicen con la disforia de género, la cual es otro fenómeno, sin duda. No faltan los que quieren una igualación a como dé lugar.
El proyecto incluye un procedimiento. Por desgracia, algunos colegas han querido contemplar la oposición al ejercicio del derecho, lo que es una contradicción con un derecho humano básico que se ejerce por iniciativa propia. El cuestionamiento de un cambio de nombre o de un registro de género da lugar a un debate medio teórico, porque si una persona con hijos decide llevarlo a cabo, el problema es legal. Lo afectivo y la relación con los descendientes no les importa a quienes incorporan el criterio de la impugnación, sino algo distinto, a mi juicio.
La posibilidad de oponerse al ejercicio de un derecho personalísimo es de las cosas que vamos a rechazar.
Me gustaría mencionar brevemente dos o tres aspectos.
El Senador que habla era partidario de un procedimiento distinto para los menores de edad. Porque he escuchado a padres de niños transexuales plantear lo dramático que es para ellos no contar con un cauce idóneo. Se puede actuar a través de los tribunales de familia o de otras vías, ya que se trata de personas cuya autonomía se encuentra en desarrollo, y el proceso de autonomía relativa de un menor de 14 años difiere del de otro entre 14 y 18. La negación del fenómeno va a llevar, por desgracia -y me duele en el alma reconocerlo-, a más suicidios infantiles. Eso indica la estadística.
Este es el drama que viven muchas familias, de variadas posiciones políticas e ideológicas. Lamentablemente, en la Comisión de Derechos Humanos no hubo mayoría para acoger esta reflexión.
Se generó una discusión sobre el matrimonio en el que uno de los cónyuges es transexual y opta por el cambio registral. Para evitar la controversia respecto de una unión igualitaria, la normativa en examen establece un procedimiento muy raro -no tengo otra forma de expresarlo-, muy inusual, para que haya una causal de nulidad.
No creo que sea el mejor camino. Juzgo que la Cámara de Diputados tendrá que revisar el asunto para despacharlo de mejor forma. Lo digo porque conozco el caso cercano -no es que alguien me lo haya contado- de una persona transexual mayor de edad, casada y que realizó el cambio registral viviendo en otro país. El que nació hombre es hoy mujer. Su pareja en ningún momento propuso terminar con el matrimonio, porque están enamorados. Ese no era el problema.
Mas la lógica de la Comisión es distinta, por desgracia. Y lo deploro, porque estimo que, en algún momento, en los próximos diez años, este será un debate superado de todas maneras.
Me parece que la iniciativa no es perfecta, pero que sí importa un avance. Me gustaría que estuvieran incluidos los menores y que rechazáramos la norma de la Oposición.
Hemos discutido mucho con el Senador señor Araya acerca de cómo algunas disposiciones no quedaron perfectas respecto del ejercicio de ciertos elementos del Código Civil; de qué pasará en algunas situaciones concretas. Pero creo que son aspectos subsanables.
Reitero que el texto constituye un tremendo adelanto. Mas me formulo una interrogante. Quizás sea producto del hecho de que viví en otros países. Los estadounidenses siempre se plantean, cuando hay un debate legal: "¿En qué me afecta a mí lo que hace otro?". Mi pregunta es en qué me afecta a mí que otra persona sea más feliz, más íntegra; que ejerza su identidad de género. Y la respuesta es que absolutamente en nada, salvo en lo relativo a ser más tolerante, más inclusivo, más respetuoso de la diversidad. Opino que son atributos que hablan bien de una sociedad.
Pienso que la iniciativa nos engrandece en esta última condición, porque pone fin a una discriminación de hecho.
Quienes sostienen que no es necesaria la ley en proyecto no hacen más que ocultar un temor -no sé por qué- a que otras personas ejerzan sus derechos.
Olvidé mencionar un último punto que no comparto. Considero que quedó así por la percepción equívoca de algunos. Me refiero a si es posible el cambio registral más de una vez.
No creo que los transexuales lo deseen estar haciendo varias veces en la vida. Lo que quieren es verificarlo de una vez, de acuerdo con su identidad. Y eso es lo que debería quedar en última instancia.
Vamos a votar a favor, a pesar de las limitaciones, porque entendemos que nos hallamos ante un gran avance -reitero- para la dignidad de muchas chilenas y chilenos.
He dicho.
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